Que no me importa que se acabe el fin del mundo, porque llevo medias de rejilla.
Y aún no he besado su boca.
Ni me he (des)hecho en suspiros entre sus brazos.
Y es que aún no le conozco, pero sé que existe porque lo he inventado.
Todos los días que se acaba el mundo son decepcionantes.
Creo que dormiré hasta mañana.
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