-Me gusta el laberinto que forman los tirantes de tu vestido- Me dice.
-Me gustan tus ojos.
-Me gusta tu pelo, es negro como el azabache, ¿no te tiñes, verdad? Mi madre lo tiene igual.
-Me gusta tu culo.
(¿Y yo? ¿Yo te gusto...? No te puedo preguntar eso, no me conoces.)
Gracias.
Por acogerme entre tus brazos como si siempre hubiese tenido allí un lugar para reposar.
Para olvidarme de todo.
Para estar en paz.
Con el orgasmo muero.
Con el orgasmo me salvo de la muerte.
Porque somos infinitos en ese instante. Eternos.
Gracias, por besar todas las costuras que no puedes ver. Y aún así las besas, casi sin querer.
Siempre se me quedan atragantados los " te quieros" cuando alguien me lleva al éxtasis. Siempre tengo que contener las lágrimas cuando una voz me grita que estoy viva y que, a pesar de todo, eso es hermoso.
Me desborda el amor. Sólo puedo darte las gracias. ( Pero si lo hiciera me mirarías como se mira a los locos. Con desconcierto, con sorna o , tal vez, con pena.)
Y, sin embargo, qué triste es la resaca. El olvido. Que nada pueda durar más de un día, porque entonces se haría real.
Los dos queremos seguir siendo fantasías.
No hay amor en eso , pero gracias de todas formas.
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