Gotas por todas partes.
Sus lágrimas ,que se escurrían de sus ojos,resbalaban por su piel y finalmente caían.Algunas le mojaban la ropa, otras el suelo, otras se ahogaban en sus labios o se secaban en su piel.
Gotas carmesí formando regueros y charcos: en sus brazos, en su ropa, en el suelo del lavabo.Piensa en quién limpiará aquello y si le causará mucha impresión a la persona que le toque limpiarlo.¿Quién lo hará si ella muere? Vive sola y cree que nadie notará su ausencia en días.Sangre y lágrimas, se está vaciando, se está agotando, pero siente una especie de placer macabro,de calma.En realidad no pretende matarse, solo tranquilizarse cuando el dolor que siente dentro, ese dolor fantasma que inunda su pecho y la asfixia, es más fuerte que cualquier daño que se pueda infringir a si misma.Cortarse la tranquiliza y le gusta fantasear con la muerte.Es una necia.
Y no muere.No murió.Ha pasado mucho tiempo.Ahora ya no le duele el pecho, está calmada, está bien, pero a veces, por la noche, le duele el brazo que se rajó con la hoja afilada del cuchillo.Es un dolor punzante que se extiende a lo largo de todo el antebrazo.Quema y pincha, especialmente en un foco localizado en el corte más profundo, que le dejó una cicatriz blancuzca. Se pregunta si será psicosomático, pero el caso es que no entiende cuál es su razón de ser.Ese dolor le recuerda los días en que fue estúpida. Los días en que su vida se diluía en las gotas.Ojalá pudiese ser una gota.
Me dice que ,si alguna vez escribo sobre ella ,la llame Gota.Gota tiene 19 años, estudia psicología y es idiota.
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